Confesiones
Cuando llegué a casa de Don Diego tenía la sensación que algo no iba bien. Su esposa desesperada por mi tardanza me contó que el pintor se había encerrado en el Obrador sin querer ver a nadie, solo me esperaba a mí. Legué allí y me dejo pasar, tenía muchas ganas de contarle lo que había visto pero no me dejo hablar. Don Diego era otro hombre, le había dejado perdido, desesperado por no saber que hacer y me encontré un hombre eufórico. Me enseñó los bocetos que tenía del cuadro, era como si lo hubiera visto en un sueño. Lo tenía claro.
Asombrado le conté que esos mismos bocetos los había visto en casa de Nerval. Me preguntaba nervioso todo lo que había visto y se lo fuí contando poco a poco. La personas que aparecían en que posición e incluso que él también salía en él.Después de una larga conversación salimos del Obrador pidiéndome que no dijera nada a nadie.
