Cuando conocí a Velázquez

LLegué al Obrador, lugar donde podía encontrar a Velázquez. Muy timidamente cruce la puerta, allí estaba él con otro caballero al que no podía reconocer. Después de varias preguntas y de asombrarse por mi conocimiento sobre el libro La Divina Comedia, el caballero que acompañaba a Velázquez me pidió que recitará algún verso del Infierno. Tal fué su asombro que le pidió al pintor que estuviera en el cuadro. Gracias a esa decisión podía estar tranquilo con todo lo sucedido con el Conde Aguilar.
per si va ne la città dolente
per me si va ne létterno dolore,
per me si va tra la perduta gente.

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